Mientras la comunidad internacional mira hacia otro lado este país se ahoga en sangre

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“En Burundi, la sangre fluye en cualquier sitio”, cuenta a ‘The Guardian’ un joven que huyó de su país a Tanzania. Como él un cuarto de millón de personas se han exiliado tratando de escapar de la violencia y la muerte.

El pequeño país de África central, considerado como una de las naciones menos desarrolladas del mundo, está viviendo un feroz enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición. Mientras los rebeldes se entrenan en países vecinos, las autoridades tienen miedo a perder el poder y recurren al discurso de odio étnico, escribe el periódico británico. La crisis adquiere contornos preocupantes sobre el telón de fondo de la violenta historia del país.

Antigua colonia belga, Burundi, que ya vivió dos guerras civiles por motivaciones étnicas, vive instalada en una permanente crisis política, ya que la mayoría de su población parece rechazar la toma de poder del presidente Pierre Nkurunziza, que violando la Constitución se postuló en 2015 por tercera vez para un mandato presidencial. Un golpe de Estado fallido y protestas masivas dieron paso a una situación de violencia constante.

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